jueves, 3 de septiembre de 2009

El lobo que no conocía las rosas

Habia una vez en un lejano bosque llamado "Vidida" un lobo, era grande y fuerte, y todos lo miraban mucho pero a él no le interesaba, las ardillas siempre lo perseguían y preguntaban si podian seguirlo a travéz del camino a lo que él aceptaba, no le interesaba quien estuviera a su lado. Cuando anochecía luego de mirar la luna y aullarle entraba secretamente en una cueva, era la única vez en que se fijaba si alguien estaba cerca, al comprobar que estaba solo, avanzaba... a su hogar, porque él vivía en aquel lugar, solo y frío, pero extrañamente él se sentía bien, en casa.

Un día cuando los primeros rayos se filtraban en aquella oscuridad el lobo se sorprendió al ver una pequeña loba herida, no podía creer que alguien hubiera podido entrar ahí, pensó que jamás nadie se atrevería a ver aquella oscuridad y sentir aquel frio, se acercó lentamente y vió como despertaba de a poco, habia escapado de un cruel amo, quien la maltrataba, un día escuchó un aullido y decidió seguirlo, el sintió un pequeño calor en su pecho pero fué tan diminuto que no se dió cuenta, su voz habia alcanzado a alguien y no sabía que hacer, quizas inconcientemente aquel llamado no era de admiración, era de soledad y otro lobo lo había comprendido y buscado, ahora que estaba frente a él no sabía que hacer o decir.

Como no recibía respuesta la pequeña loba se acercó lentamente porque sus ojos eran extraños y la llamaban a ir, llego hasta casi tocar su nariz y él se alejó inmediatamente, lo último que escuchó fueron sus patas corriendo y huyendo lejos, ella se quedó en aquel lugar esperando que en algún momento volviera, no entendía muy bien lo que sentía... solo seguiría esperando para volver a acercarse, había descubierto que sus ojos de cerca eran hermosos.

Corría y corría y no sabía si se detendría, su corazon latía fuertemente, como nunca... ella se había acercado, él no habia hecho nada para evitarlo... se había sentido bien... pero tuvo miedo, un miedo horrible a que lo tocara e hiriera, a que lo tocara y se desvaneciera... como una vez sucedió. Se detuvo, miró el cielo, decidió regresar, decirle que se fuera lejos, que había confundido su llamado y regresara o se fuera donde quisiera y jamás volviera.

Al entrar a su hogar lo primero que vió fue un punto blanco, al acercarse vió que era una rosa... una rosa blanca... la lobita le dijo que era porque sus sentimientos eran puros, que ella quería quedarse con él y hacerle compañía en aquella fria y sola cueva, sin tocarlo o hablarle, solo acompañarlo hasta que quisiera acercarse por su cuenta.















Pasaban los días y el lobo se acercaba cada vez mas, hasta que llegó a estar a un centímetro de su nariz, ella avanzó sutilmente, se juntaron y un calor inmenso llenó el pecho de ambos, la cueva se transformo en la mismisima noche, con estrellas maravillosas y una luna gigante que los miraba con cariño, viajaron por galaxias, vivistaron planetas y se sintieron uno.

Apareció una rosa roja en un rincón, ella le dijo que era resultado de aquel sentimiento y calor, jamás moriría. Todos los días aparecía una nueva rosa de un color y la lobita le explicaba el por qué, él la escuchaba, no entendía bien sobre esas cosas, nunca había notado aquellas flores en el bosque, pero le resultaban hermosas aunque no lo quisiera reconocer.

AL cabo de dos años había tantas rosas que casi no podía entrar a su antiguo hogar, y tuvieron que dormir bajo el cielo nocturno, nunca se había dado cuenta de lo lindo que era el bosque, ahora lo miraba con otros ojos, pensó y recordó como se sentía su casa, parecían tan distantes aquellos días en que caminaba sin rumbo sin mirar nada o nadie, parecía tan vacío aquel lugar sin aquellas rosas, miró como la lobita dormía a su lado, siempre a su lado, se lo había prometido, no le creyó... ella loró y juró que lo haría, creería en ella. Quizas aquel ser si merecía su confianza, él deseaba hacerlo pero... aún sentía miedo, lo había tocado y no lo había herido, lo había tocado pero no se desvaneció... quizas... y solo quizas... tuviera razon y estaría a su lado siempre.

Se acercó, quería dejar de pensar y entregarse al dormir, se hechó a su lado y apoyó su nariz en su pecho, ella en sueños murmuró su nombre, solo ella lo conocía, solo ella sabía cómo llamarlo... como... hacerlo sentir ... vivo.




Fin~